Imilchild, por Fernando Bellas

Le he pedido al bueno de Fernando que nos explique alguna anécdota o batallita de las muchas que ha vivido en su trayectoria fotográfica, evidentemente acompañada de fotos hechas por él. Es un auténtico placer presentarla y compartirla con vosotros. Pasen y vean:
Recuerdo Imilchild como una pequeña aldeita en el Atlas, convertida en ciudad por unos días. En ellos los Berebéres se reunen anualmente para intercambiar productos para pasar el invierno, y tomar esposa o marido según se tercie. Recuerdo haber cruzado las gargantas del Todra al volante del Land Rover, y ascendido por una pista infernal en la que de vez en cuando topabas con algún Berliet francés, cargado hasta los topes con gentes, cabras y muebles de todo tipo.
Lenta ascensión salpicada de innumerables barrancos, por los que un conductor poco prudente podría despeñarse al menor despiste, la verdad, una caida desde ahí sería más propia de un ala Delta o parapente, que de un 4x4 con remolque, muy preciado , en él iba nuestra carga más las innumerables botellas de aguardiente y licor de café casero made in Ourense, imprescindible en nuestras acampadas nocturnas. Maravillosas aquellas dos OM-1 con sus correas estrechitas, una para color, otra para B/N, destinadas a realizar un trabajo para el Grupo Z. Un Zuiko 35mm F:2.8, un 50mm F:1.4 y mi preferido 100mm F:2.8. Eso si que era un equipo ligero y versátil. Menudo visor réflex.
Cuando llegas con el atardecer la imagen es impresionante, colores cálidos en el cielo y miles de jaimas distribuidas por toda la planicie. Mientras cae la noche los tambores se hacen más evidentes, las jaimas llenas de berebéres, con sus arguilas y pipas rellenas de esos derivados que producen sensaciones dispares. Esos aromas a ritmo de tambor y baile, consiguen que nuestro estado de ánimo rejuvenezca después de tantos kilómetros. Hey, Carlos aquí tienen discoteca.....tumb,tumb,tumb, tam, tam,tam, nosotros también bailamos, ¡¡qué carallo!!.
A la mañana, camellos, mujeres de gena y col, hombres de chilaba cogidos de la mano, puestos de venta de plata beréber (canjeamos por relojes digitales), camellos y más camellos, jaimas y más jaimas, aromas mil, el de pan recién horneado es en que más me gusta. Clic. clic. clic, un mundo nuevo, una cultura desconocida, clic. clic, otra foto interesante.
Un mano a mano, nosotros y una cadena de TV japonesa entre aquellas almas, cada uno a lo suyo. Así durante dos días. Bajamos desandando el camino hasta que topamos de frente con un Berliet cargado de árabes, cabras y muebles. No podemos pasar a la vez así que uno debe apartarse (lo habitual es que el pez grande se aparte para dejar pasar al chico). Los dos 4x4 parados frente al camión, el barranco por la derecha. En la caja del camión decenas de almas, en primera fila un tío morenísimo con turbante, sonriéndonos, mientras sus compañeros serios y con cara de pocos amigos. - Carlos, has visto como nos mira ese tío? -Joé, parece que se está descojonando de nosotros. -Pués tiene una cara de terrorista que mete miedo......la madre que lo p....,y encima se está riendo de, menuda pinta y menuda barba. Nuestros 4x4 con su doble tracción se apartan subiendo la ladera, el camión avanza. Cuando está a nuestra altura, el moreno barbudo se asoma y dice: -Moi morenos ides, ¡carallo! (muy morenos vais, ¡carallo!) Sorprendidos solo acertamos a contestar: -Tí non vas mal, tampouco (tú, tampoco vas mal) BRummmmmm, el motor del camión no nos dejó hablar más. Estupefactos nos miramos, reimos.- ¡Manda carallo!, vayas a donde vayas siempre te encuentras algún gallego, dijo Carlos. Días después, ya regresando a casa, lo encontramos en Marraquech a lomos de una Vespa y con un casco de piloto, de aquellos de piel de la 1ª Guerra Mundial. Bajó de la moto para charlar con nosotros. Le comentamos lo del mosqueo al reirse de nosotros. - Cómo no me iba a reir. Vengo desde Barcelona en la Vespa, no podía subir por aquella pista, consigo que me lleven, y cuando no podemos pasar a causa de dos 4x4, veo que uno tiene matrícula de Ourense y otro de Pontevedra, como para no reirme, paisanos allí...., en el culo del mundo. Esta vez la carcajada fué general, nos tomamos un té con él y cada uno siguió su camino.
Después de veinte días de pistas y condiciones un poco precarias, con turbante y la piel negra regresamos. Eso sí, con una ganas locas de revelar y positivarlo todo. Hoy ya se puede llegar a Imilchild por asfalto......, ha perdido parte de su encanto.
Saludos a todos.
Fernando Bellas.

4 comentarios:

Salva dijo...

Magnífica historia, de las que te inspiran a viajar y fotografiar.

Fernando Cabo dijo...

un plecer leer a Fernando, es una gozada y anima a ver mundo

Anónimo dijo...

Gracias a los dos por vuestros comentarios, Salva y Fernando.
La verdad sea dicha, hay que "patear" cámara en ristre siempre, siempre, en mi caso durante mucho tiempo fué una obsesión, deciros que vivía en un 5º piso y si tenía que bajar a comprar pan al "super", no lo hacía sin la cámara (nunca se sabe). Hoy mis hijos se despelotan de risa al verme hacer lo mismo, -pero papá es necesario que la lleves siempre contigo?, -pués sí, la diferencia entre una foto buena y una mala es tener la cámara siempre a mano.
Para viajar solo es necesario proponérselo, aunque sea a diez kilómetros, y si se sabe algún idioma mucho mejor. Yo con los idiomas soy un desastre, pero tengo una mímica que funciona en todas partes, el Alemania sin ir más lejos, si quieres codillo de cerdo te agarras la rodilla, luego pronuncias con la mayor exactitud posible "oinc" "oinc", y ya está, ¡¡Funciona!!, la comida está servida.

Saludos a todos.

Fernando Bellas.

Anónimo dijo...

eres una una caja de historias cada vez más sorpredente, yo tambien estuve por esa zona, con la OM4 Ti, en el 99 y subimos al Tukbal, siempre me acordare de la hospitalidad de los bereberes...Saludos Fer, y sigue asi..

Javi_G