Un relato de Gràcia Pons

Mi amiga Gràcia ha escrito este relato seguramente para que dejara de darle la paliza. Ella también es aficionada a la fotografía, y sabe de lo que escribe. Vale la pena que os dejéis llevar unos minutos....

Reflejo de un amigo fotomaniaco Es verano y como siempre nos trasladamos una semana al pequeño pueblo en el que nacieron mis padres, mis abuelos... Un clásico de cada año. Me gusta. Es una manera de transportarme en el tiempo, y como no, es una semana en la que disfruto con mi gran pasión: La fotografía. Este año disfrutare todavía mas. Me acaban de regalar una cámara nueva y estoy deseando probarla. Muy temprano me levanto y sin hacer ruido preparo mi equipo, pongo también en la mochila un par de bocadillos, unas almendras y una botella de agua. Todo esto para mi es superfluo pero la verdad es que luego, cuando mi barriga empieza a ronronear, lo agradezco. Salgo de casa, el pueblo está aun desierto a estas horas. Aprovecho para acercarme a algunos rincones que con el paso de las horas se irán llenando de gente. Hago fotos en la plaza, en el lavadero público, en la fuente, busco por las callejuelas cosas que me recuerden a mi infancia. Y disparo, disparo, disparo, una y otra vez. Jo!, que colores, que nitidez, que encuadres!. Estoy contento. Salgo del pueblo por el camino que va al olivar donde tenia la casa mi tio abuelo. Ahora toca el turno al paisaje y a la naturaleza. Miro los campos de olivos a través de mi objetivo y me doy cuenta de que tienen un color especial. Saco el ojo de la cámara y miro al cielo. Entonces es cuando veo que el color se debe a la tormenta que se avecina. El cielo se está poniendo plomizo, con ese color intenso de las tormentas de verano. Que suerte! Ahora si, fotos únicas! Algunos frutales en medio de los olivos, llenos de fruta madura. Miro a todos lados, como si esperara que alguien me estuviera espiando. No, no hay nadie y me atrevo a robar un par de melocotones jugosos. Los insectos que presienten la tormenta zumban a mi alrededor, buscando desesperadamente una flor aislada en medio del campo para darse un último festín antes de mojarse por la lluvia. Miro hacia el suelo y veo una procesión de hormigas que con sus cargamentos se apresuran a recogerse en sus casas. Entre “paisaje” y “macro” empiezo a oír el retumbar de los primeros truenos y pronto veo los destellos de los rayos. Vaya! Ya puedo apresurarme o quedare empapado. Evidentemente no me preocupa mojarme, lo que me preocupa es que se moje mi equipo nuevo. (Otra vez se me ha pasado, siempre pienso que debo pillarme una funda estanca, a ver si me acuerdo de pedírmela a los Reyes). Joder! Ya puedo empezar a correr, pues ya siento en mi cocorota los primeros goterones. Pero hacia donde? Ya se, hacia la casa deshabitada del tio abuelo. Allí recuerdo que hay un buen porche para refugiarse. Llego a la carrera, cubriendo como puedo mi equipo. Ya está! Salvados! Ya a cobijo aprovecho para afotar ese cielo negruzco pero tan especial y esos relámpagos que cada poco iluminan los campos. Que maravilla! Y ese ruido? No, esta vez no ha sido un trueno, ha sido mi estomago. Que bárbaro! Miro el reloj. Claro, como no tiene que aullar, si son las 4 de la tarde. Como se me pasa el tiempo cuando tengo en las manos una cámara. Me siento en el suelo y saco un bocadillo. Lo devoro. Un buen trago de agua. Esto ya es otra cosa. Enciendo un cigarrillo. Que a gusto me tomaría un café, pero mi “sibaritismo” no llega a tanto. Solo me faltaría cargar con el termo. Me apetece echar una primera ojeada a mis fotos. Me acomodo como puedo , me cuelgo la cámara y empiezo a pasar. No esta mal. Esta tiene buen foco. Me gusta la luz de esta. Jo, esta es buena!. Pero me doy cuenta que cada vez me cuesta mas pasar las imágenes. Si, eso es lo que me pasa siempre, empiezo a mirar y con cada foto se me disparan las neuronas. Recuerdos de infancia. Secretos de vidas ajenas. Tengo delante una foto de la fuente y oigo el ruido del agua llenando los cantaros que las mujeres y los niños llenan y que los hombres transportan hasta las casas. El lavadero publico es un rincón bullicioso lleno de mujeres que apalizan su colada entre risas y canciones. Y la plaza del pueblo? (por cierto esta es casi perfecta). Dios mío, fíjate... Los abuelos sentados ahí en los bancos de piedra, contando historias con el cigarro apagado y pegado a los labios. Fotos de los campos que me hacen imaginar a mis padres, chiquillos, corriendo por ellos, encaramándose a los frutales para coger esa fruta prohibida, igual que hice yo cuando era pequeño, igual que he hecho yo hoy mismo. Y esos insectos con todos sus secretos guardados. Me gusta imaginar o adivinar como son sus vidas. Ahora ya ha dejado de llover y en el cielo se abren claros que permiten intuir la puesta de sol que se avecina. Me espera todavía otra maravilla antes de llegar a casa. Pero ya tengo ganas de llegar, descargar la tarjeta y sentarme en el sofá para poder recrearme con cada imagen, y no solo verlas, sino también oírlas, olerlas, tocarlas... Siempre he pensado que es una bonita manera de sentir la vida y disfrutarla.

4 comentarios:

Manel Lanzón dijo...

Seré simple, magnifico relato, por un momento estaba yo corriendo para no mojarme con la lluvia, felicidades

mansua dijo...

Bello relato, te he acompañado de principio a fin y lo he disfrutado mucho. Soy de Costa Rica y en mi patria gracias a Dios aun hay parajes muy cercanos que solo es necesario ir a ellos para vivir aventuras con nuestro maquinas capturadoras de imágenes.
No hay duda que un lindo lugar combinado con recuerdos es recrear nuestra vida y te felicito por tan bella forma de expresarlo.

Saludos desde Costa Rica.
www.mansua.com

Anónimo dijo...

Muy buen relato, me he imajinado esa fuente y ese lavadero.
JuanMa. Santos

Paco C dijo...

Mis felicitaciones a Gràcia, me ha hecho vivir uno de tus días de "afotador" (ves, yo siempre me olvido el bocadillo, y luego lo echo de menos)